miércoles, 29 de junio de 2016

Ad hominem

Ante la hora grave, los padres fundadores de Ciudadanos abogan por que Rivera levante el veto personal a Rajoy, ese veto que en estos momentos creen que aherroja la situación política y de la que hacen altamente responsable a la formación naranja (en este bajonazo para ella en el que, por otro lado, a C's le toca replantearse su mensaje y hasta su lugar en el mundo).
Aquí.

Rivera quiere y debe sentarse a negociar con PP y PSOE un programa reformista de máximos, no de mínimos. La reforma de la ley electoral es innegociable. No puede ser que el valor de los votos varíe como lo hace, beneficiando a los grandes partidos y a las pequeñas listas regionales.
Una ley de educación como la fallida de Gabilondo no puede demorarse.
Cerrar el modelo autonómico es inexcusable.
Y reformar la justicia para que sea independiente del poder político es la madre del cordero.
Estos cuatro puntos han de ir a misa.

Hablan los padres fundadores de la necesidad de un frente constitucional... y no seré yo quien lo cuestione.
Sin embargo, no a cualquier precio. Sólo si el PP y el PSOE se purgan previamente.
Y si no aceptan las cuatro grandes reformas, C's debería desvincularse de pactos de gobernabilidad, no sólo por su propia supervivencia, sino por el bien de todos.

Que el pueblo español haya preferido en un 33% lo malo conocido del rajoyismo ante lo malo por conocer de las izquierdas que andan descabezadas no basta para exigirle a C's que apoye activamente con su voto a Rajoy y sus políticas continuistas o sólo cosméticamente reformistas.

El problema es lo bastante de fondo como para exigir cambios también de fondo. Y Rajoy y su ciudad de los muchachos sucios no puede ser el reformador que necesita España, porque ellos son parte del problema español, si no su principal causa.
En esto acierta Rivera.

Se ve a diario. Hoy, sin ir más lejos,  el PPC es la única fuerza que acaba de votar en contra de la destitución del antifrau  con vocación de prevaricador en el Parlament. Y lo hace sobre todo para que no tire de la manta y no tener que cesar inmediatamente después al Ministro de las Cloacas Fernández.
Con esto está todo dicho.

Otra cosa es dejar a Rajoy que gobierne durante un periodo de transición hasta que el PSOE se regenere y el propio PP prepare el postrajoyismo, por mera cuestión de relevo generacional.

Pero para todo ello es el PSOE el que debe retratarse, pues es el otro corresponsable de todo lo malo que nos ha llevado a esta quiebra profunda del país. Y a la aparición de Podemos, dicho sea de paso.

Es el PSOE el que debe decidir si se abstiene y deja gobernar a Rajoy.
No Ciudadanos, que no puede ni debe ser el costalero de un partido contra el que van a arremeter PSOE y Podemos en los próximos años de legislatura. No debe aceptar que se mutualicen las bofetadas.
Si lo hiciera, C's desparecería como les pasó a los partidos liberales o centristas en Reino Unido, Alemania, y en las siguientes elecciones pagaría su complicidad con el PP.

Si C's quiere algún día sustituir al PP no puede ser su socio.
Es elemental y lo vería un niño chico.

Dejar gobernar a Rajoy y dejar de fomentar golpes de Estado en el PP, sí es preciso.  Porque el estilo es importante en política.
Y dejar que Rajoy haga lo que pueda por sí mismo.
Pero para ello con la abstención va que chuta.
Pero gobernar con Rajoy, no.
Eso que lo haga el PSOE, como penitencia a lo mal que lo ha hecho hoy como ayer.

En resumen: claro que es un veto personal a Rajoy, porque es un veto programático a todo lo que Rajoy representa y encarna su persona: un partido pillao que diría Fernández Díaz: esto es, judicializado con su sede embargada y bajo fianza. Como Convergència.

Debería C's hasta retirase de sus pactos en Andalucía y Madrid, de paso, con los dos partidos grandes. Que pacten PP y PSOE y apechen con estos años que son hijos de sus torpezas.

Ser el centro y querer regenerar la vida política pasa por una larga travesía del desierto; la que debería empezar a andar  desde hoy Ciudadanos.